Dejáis huella.♥

martes, 1 de octubre de 2013

TRES - Da igual, no ha sido nada.

Las piernas comenzaron a fallarme, comencé a sentir como no conseguía a acertar a poner el pie en el último escalón. Por ello a tientas, pues tenía la vista bastante borrosa, conseguí sujetarme a la barandilla y sentarme en el escalón, notando que todo daba miles de vueltas en menos de un segundo.

Cerré los ojos con fuerza y respiré hondo, deseando con todas mis fuerzas que se me pasara esa sensación tan horrorosa. Volví a abrir los ojos al cabo de unos minutos, empezando a ver todo de nuevo con más claridad, notando como la sensación de fatiga y mareo iba difuminándose poco a poco, hasta desaparecer.
¿Qué ha pasado? Ni lo entiendo, habrá sido algún movimiento brusco que habré hecho, no fue nada.

Ahora me encontraba en el escalón pero esta vez de mi puerta del jardín, esperando a que llegara Alfre minetras escuchaba algo de música, como siempre; Rape me de Nirvana. Realmente siempre soy yo la que no es puntual, pero esta vez eran las 7 menos cuarto justo, la hora a la que habíamos quedado nosotros y no aparecía nadie.
-¡Qué te vas a quedar sorda!- Un grito proviene desde mi espalda, pues hacía unos minutos me había levantado. Nada más oírlo me giré nerviosa, con el corazón acelerado y la mano sobre este, dando un golpetazo en el brazo del chico que ahora se ríe por verme tan sobresaltada.
-¡Alfre! ¿Qué te he dicho nueve mil millones de veces? ¡No me des sustos por la espalda! ¡Vienes das la vuelta y me saludas como las personas normales!
-Pequeña, es que me lo pones en bandeja.

Después de echar unas cuantas risas, tonterías y hablar sobre como habíamos pasado la mañana llegamos al parque, donde estaban todos los chicos con los que había quedado Alfredo previamente.
-¡Hey tíos!- Grito mi acompañante mientras se acercaba a los demás y les chocaba la mano, mientras ellos contestaban con un caluroso saludo.
Yo en cambio saludé simplemente con la mano a las sonrisas que me dedicaban los chicos para saludarme y que me sintiera bienvenida, pero aunque fueran del instituto no tenían confianza con ellos, y eso hacía que me volviera bastante tímida.
-¡UNO!- Gritó Edu, un chico rubio y de mi misma estatura, el cual ahora se estaba riendo por estar apunto de ganar en el juego de cartas.
-Ya no quiero jugar más, que siempre ganas tú.- Alberto deja las cartas sobre el césped y se cruza de brazos, lo que me hace reír levemente, para más tarde dedicarme una sonrisa divertida.
Pero ahora mi corazón va a mil por hora. Un chico se está acercando a nuestro grupo mientras se pone bien el flequillo lo cual hace que asome una sonrisita en mis labios. Efectivamente, Sergio ha venido.

Varias horas más tarde nos encaminábamos hacia el Burguer King con la idea de cenar algo. Me sentía realmente bien pues los chicos, incluido Sergio me hacían sentir una más del grupo.
Entonces desde el momento en el que nos sentamos en la mesa con la comida, todo fue un auténtico show.
-¡Dani! ¡Me has metido el ketchup por el ojo!- Exclamó Edu mientras cogía una servilleta limpia y se la pasaba por el ojo lleno de salsa.
-¡Oh, vamos! ¿No os han enseñado que la comida se comen por la boca y no por los ojos?- `Preguntó Alfre entre risas.- ¿No os enseñaron como habían que comer? Venga, todos juntos, ¿por donde se come la comida?
¡Por la boca!- Respondimos todos a carcajadas y muertos de risa, secándonos hasta las lágrimas que aparecían debido a esta.
Tras un rato riéndonos y casi cuando ya estábamos terminando de comer, Sergio dio varias palmadas para que guardáramos silencio y le escucháramos, y realmente lo consiguió pues todos giramos la cabeza a él, mostrándole atención.- Chicos, tengo que comentaros algo.- Dijo tras ver que estabamos escuchándole, haciendo una pausa para dejar todo un poco en la incertidumbre, aunque luego continuó la frase con algo que asomó una sonrisa en la cara de todas las personas que estábamos en esa mesa.

jueves, 26 de septiembre de 2013

DOS - ¿Me quedo sola?

—Aún no me dijisteis el por qué, venga, ¡contadme! —Miro a las chicas con curiosidad mezclada con frustración, caminando hacia nuestras casas y mirando a mis amigas, esperando impaciente una respuesta.
—Ya sabes que yo todo los veranos me voy a Bilbao, nena... —Susurra Amalia con una pequeña mueca de tristeza, pues no quería irse aún.
Lo siento mucho cielo, ya sabes que a mis padres les gusta lucir con sus amigos los ricachones y nos vamos a, como dicen ellos, ‘An Europeans vacations’ —Diana imita a sus padres a la perfección, en concreto a su madre, con ese tono tan irritante que tiene en la voz, al menos yo no la soporto, nada en absoluto.
Yo... Yo… —Murmura Sonia por lo bajo, pues nosotras tenemos toda la atención sobre ella, que es la que queda por hablar. La chica suspira con fuerza y nos para en seco, haciendo que dejemos de caminar, mirándonos con pena y los ojos extrañamente… ¿húmedos? ¿Qué narices pasa aquí? —Chicas.. No estaré en todo el verano aquí y no sé si llegaré para septiembre.. —Vuelve a suspirar y asoma una sonrisa amarga, de esas que se ponen en los momentos duros. Amalia va a interrumpir, pero esta niega para que la deje terminar. —Sabéis que mi padre es de muchos negocios, como los de Lú, lo único que ellos van a ciudades cerca de aquí… Mi padre… Se va a Alemania… Ya sabéis, ahora es el país del trabajo... —Vuelve a coger aire y nos mira, ya parece que empezamos a entender. —Me voy a Alemania, así es... Por ahora dicen que son dos meses, Junio y Julio, pero… Puede que sea definitivo si todo va bien, aún no lo sé…
Entonces todas nos miramos entre nosotras. Miradas agobiadas, tristes, confusas… No nos creemos lo que estamos oyendo ahora mismo. Y, como si tuviéramos telepatía o algo parecido, nos abrazamos con fuerza a la chica que se acaba de echar a llorar, sin querer abandonar España por nada del mundo.


Tras conseguir calmar a Sonia y hacer que dejara de llorar, nos despedimos de ella con fuertes abrazos y besos mientras que ella no deja de prometer que hablaríamos por Skype siempre que pudiéramos. Tras todo esto miré a las otras dos chicas restantes, suspirando.
—¿Tendré que pasar todo el verano sin vosotras?
—Parece que sí... Lú… Aunque nosotras tampoco estaremos juntas… —Amalia intenta animarme todo lo posible aunque yo, con la cabeza gacha, pienso como serán los próximos días, sin ganas de nada.
—Ya… Pero vosotras os vais y yo, pues me quedo aquí, aburrida… Vaya asco… —Les replico con un tono algo infantil que las hace reír, haciendo luego que Amalia bese con dulzura mi mejilla y la de Diana, marchándose por la calle de la izquierda de la que caminábamos para entrar en su calle.
—Venga, anímate… Pensaré en ti mientras estoy en ese asqueroso tour por Europa… —Me dice mientras me abraza. Para cualquier chica sería fantástico, pero Diana es especial, ella prefiere estar en casa con sus cosas de siempre, sus días de siempre, sus amigas de siempre. —Además, tienes a Alfre, no estás sola, es tu mejor amigo y no lo permitiría..
Diana tiene razón, aún está mi Furby que no me dejaría sola en la vida. Suspiro y de repente abrazo a la chica que está conmigo, pues tantas emociones en tan poco tiempo no son buenas. La chica sonríe y también me rodea con sus brazos. Tiene un año más que las tres chicas restantes del grupo, incluyéndome a mí. Por ello se siente como nuestra hermana mayor. Besa mi cabeza con delicadeza y acaricia mi pelo con cariño, mirándola con una sonrisa. Finalmente ambas nos despedimos y cojo por mi calle, dejando a la última chica caminar hasta su casa sola, ya que es la que más lejos vive.
Me imagino que os preguntaréis por qué yo no me voy de viaje, ¿no? Pues es fácil. Mis padres están tan sumamente ocupados que no tienen tiempo para viajes o tonterías, simplemente hemos viajado cuando tenían que hacerlo por trabajo o yo, cuando he ido a algún intercambio, o algún viaje del instituto.

Tras llegar a casa después de tan larga despedida me hice la comida y mientras esta se calentaba me quedé un buen rato pensando en todo lo que acababa de ocurrir, con una ligera tristeza en el rostro. Comí realmente sin ganas, limpiando todo y subiendo a mi cuarto, tirándome en la cama y cerrando los ojos unos segundos, suspirando muy despacio, notando como el aire salía de mis pulmones y me vaciaba lentamente por dentro, pues ahora me sentía algo así, vacía.
Pasadas unas horas ya había terminado la poca tarea que tenía del instituto y me di una buena ducha antes de salir, que a decir verdad me sintió de maravilla. Entré de nuevo en mi cuarto y me vestí con unos vaqueros cortos, una camiseta blanca con un dibujo de un monstruito divertido y mis All Star negras, dejándome el pelo libre, con solo dos o tres pasadas con el cepillo.
Seis y media. Aún demasiado temprano y estoy impaciente por salir y despejarme un rato. De repente de dos zancadas me siento en la silla de mi habitación y abro el portátil, conectándome a Tuenti y buscando con quién hablar. Varias personas conocidas pero no interesantes, hasta que me topo con Alfre. Una sonrisa asoma en mi rostro y abro la ventanita de chat, escribiéndole un saludo cariñoso.
—¡Hola, cariño!
—¡Lú! ¿Qué? ¿Ya estás lista o me harás esperar como siempre?
—Ya estoy lista, bobo. Es más, me aburro.
—Pues no sé, yo estoy aquí descargándome un par de canciones para pasarme al móvil, luego te las enseño.
Tras una conversación que al final acabó en ser un debate musical, yo me despedí con que iba a buscar algo que picar ya que mi tripa hacia ruidos que no eran divertidos, aunque yo me reía cual idiota debido a estos.

Cerré Tuenti y el portátil, levantándome y dejando la silla bien puesta. Tras salir de la habitación bajé a trotes la escalera hasta que a punto de llegar abajo un susto inesperado casi hace que me caiga al suelo y no me quiera levantar.

lunes, 23 de septiembre de 2013

UNO - La misma rutina.

¿Qué qué hora es? Son las 7 de la mañana, tengo cara de muerto viviente y me estoy preparando para el instituto. Al menos, hay dos buenas noticias; Es viernes, y dentro de poco verano.
—¡Lourdes venga, date prisa que ya vas a llegar tarde! —Alza la voz desde el salón, mientras está sentada en el sofá tomándose un café la mar de tranquila, mi madre es fantástica, pero no sé si consigue que vaya más deprisa o estresarme con eso. Simplemente siempre me limito a responder:
—¡Que sí, que ya vooooy! —En mi voz se nota un poco de fastidio, aunque sé que a mi madre le da igual. Tras terminar de peinarme mi cabello rubio pelirrojizo y mirarme al espejo una vez más antes de salir, miro la hora.
Efectivamente, ya voy tarde.
Tras esto cojo la mochila al vuelo, paso por el salón soltando un ‘’adiós, te quiero’’ y salgo por la puerta sin desayunar, caminando a paso rápido hacia mi queridísimo instituto.
Por supuesto, también cogí mi iPod, uno de mis mayores tesoros como os podréis imaginar. Me encanta porque hace poco conseguí una funda verde, mi color favorito, y la personalicé. Es, como he dicho antes, verde suave, con mi nombre en blanco y un corazón celeste.  Un poco mariposón sí, pero a mí me encanta.
Mientras iba andando saco los cascos y pongo una canción al azar, comenzando a sonar en estos Peter Pan de El canto del loco.
Al pasar unos dos o tres minutos llego al instituto, el tiempo de terminar la canción. Paso con paso tranquilo por el pasillo central sin mirar a nadie, solo sonriendo a dos o tres chicos y chicas que conocía. Luego me siento en una de las mesas que hay allí y dejo la maleta en la silla, guardando el iPod en uno de los bolsillos de esta mientras tanto.
Es extraño. Mis amigas aún no han llegado y normalmente soy la última en llegar. Al cabo de unos minutos reconozco a lo lejos la melena oscura de Sonia, la cual es una melena preciosa. La chica es algo más alta que yo y muy guapa, de ojos negros. ¿Para qué mentir? Es la chica más lista del grupo y cada vez que nos metemos en líos es ella quién nos saca con sus planes.
—¡Pava! —Grita a lo lejos mientras se ríen. Algunos chicos la miran a ella y luego dirigen la mirada hacia mí, lo que hace que me sonroje y mire a otro sitio con una risita, sin entender el por qué de aquello.
—¿Qué pasa? ¡Por una vez que llego la primera! —Respondo algo molesta cuando está lo suficientemente cerca para no tener que gritar y tener que llamar la atención de nuevo.
—La primera dice… ¡JÁ! ¿De qué hablamos ayer antes de irnos a casa? —Me pregunta. La verdad es que me ha pillado por sorpresa pues no tengo ni idea. Alzo las cejas e intento improvisar algo, aunque es demasiado temprano y no se me ocurre nada. —¡En que nos veríamos en los bancos del patio! Estas semanas hace mucho calor dentro y pensamos que fuera tal vez hace más fresquito, ¿recuerdas? —Alza las manos y yo musito un ‘’¡anda!’’ tras recordar aquello. Ambas soltamos una carcajada de las nuestras y luego cambio mi expresión poniéndome de morros y cruzándome de brazos, algo infantil. —Pues yo tenía ilusión de haber llegado la primera, jo.
—Pues te aguantas, anda tira, tira, que es para matarte. —Se ríe una vez más y yo me bajo de la mesa en la que estaba sentada, cogiendo mi mochila y saliendo hacia el patio. Allí se encontraban Amalia y Diana, las dos chicas que faltaban de nuestro pequeño grupito.
Es gracioso, ¿sabéis? ¡Son muy parecidas! Hasta se podría decir que son hermanas. Eso fue lo que les hizo ser amigas, pues a veces las confundían y un día se conocieron de pura curiosidad. Las dos chicas tienen el pelo castaño, aunque Amalia algo más que Diana. Las dos son chicas altas y tienen los ojos color miel, pero los de Diana son más castaños. En personalidad también son algo parecidas. ¡Bastante alocadas! La causa de que nos metamos normalmente en líos y marrones.
Al salir y verlas sentadas en un banco charlando, yo decidí gritar. —¡Hola, holita! —Ambas me miraron y se empezaron a reír con fuerza pues yo iba dando saltos hacia ellas. Las chicas respondieron a esto con las manos, divertidas.
—Qué torpe eres. —Fue lo primero que dijo Amalia al verme de lejos, negando lentamente con la cabeza y una suave sonrisa en la cara, mientras Diana afirmaba su frase con una risotada.
—¿Otra igual? Ya vale, ¿no? —Les eché una mirada fulminante, sacándoles la lengua.
Y entonces aquél terrible sonido que despertaría hasta a la Bella Durmiente, nuestro queridísimo aviso de que empieza nuestro sufrimiento, el timbre.
Pasaron las horas y estábamos ya a quinta, que acababa de terminar. Adoro biología pero la verdad que en este momento no me interesa saber demasiado sobre los animalillos que pasean por los bosques.
Ahora vendría mi profesor de Sociales, un hombre literalmente torpe. Siempre llega tarde, se le olvidan las cosas y tiene que salir a buscarlas y al final casi que no damos clase. Como ya dije, sabía que hasta dentro de unos diez minutos no empezaría la clase, por lo que salí un rato al pasillo a mirar la gente pasar y a que me diera un poco el aire pues en la clase olía a pura y dura humanidad.
Y allí estaba señores y señoras, ese chico tan estupendísimo para mí. Ese chico que se llama Sergio. Tiene la piel clara y con algunas pequitas que casi no se notan, ojos verdes y nítidos, bastante bonitos.  Los labios que complementan su cara son unos labios carnosos, no demasiado gordos, lo suficiente para que sean deseables, al menos para mí. Su pelo es entre rubio y castaño, con flequillo hacia un lado, como lo llevan ahora la mayoría de los chicos. Es más alto que yo y tiene un cuerpo sencillo, ni demasiado músculo ni es un palillo, solo algo de tableta, como nos gusta tanto a las chicas. Lo conozco gracias a mi mejor amigo que os presentaré luego, ¡ahora he de saludarle antes de que se vaya!
—¡Hola Sergio! —Me acerqué hacia él, algo ruborizada y con una suave sonrisa, algo tímida también, pues delante suya me pongo algo nerviosa.
—Hola, preciosa. —Sonrió el acercándose lentamente, con esa sonrisa tan suya, tan, tan… ¡Ay! —¿Qué tal? —Me pregunta, pasándose la mano por el flequillo, como de costumbre.
—Muy bien. ¿Y tú? Veo que tienes gimnasia, ¿no? —Le dije para sacar algo de conversación, observando un poco su cuerpo mientras hablo, volviendo luego los ojos a su cara, sin perder la timidez que tengo al hablar con él.
—Bien también, sí. —Contesta asintiendo despacio a lo que le decía. —Ahora a correr un rato, aunque la verdad que no me apetece. —Mira a sus compañeros que pasan por el lado, intercambiado unas palabras con uno y volviendo a mirarme, sin perder su sonrisa. —Me voy ya o sino me la van a liar, ¡adiós anda!
—¡Adiós, adiós! —Contesté ajetreadamente antes de que se fuera, soltando un suave suspiro mientras observaba como se iba, con una sonrisita tonta en los labios. Después de imaginarme mi cara suelto una carcajada y entro en la clase, acercándome a Alfredo mientras dejo las cosas en la mesa de contigua a la de él, sentándome en la silla.
Pues sí, Alfre es mi mejor amigo. Es más alto que yo, creo que tiene la misma estatura que Sergio. Tiene también flequillo a un lado, la única diferencia es que Alfre tiene el pelo castaño oscuro y más largo. Tiene los ojos marrones muy bonitos. Es guapísimo y sobretodo divertido, que es lo que más me gusta de él. Alfredo es mi amigo desde que tenía diez años y me mudé a esta parte de la ciudad. Desde que nos conocimos encajamos genial y ahora somos inseparables, es el mejor amigo que podrías encontrar en cualquier sitio.
¿Qué por qué le llamo Furby? Es una historia divertida; cuando entré en el colegio y me senté en clase me tocó sentarme al lado suya y él me enseñó el nuevo Furby que sus padres le regalaron por su cumpleaños, quería a ese muñeco como a nada y entonces decidí llamarle así.
Hablando con disimulo, conseguimos mantener una conversación decente, tapándonos la cara con las manos y girándonos con duidado a coger algo de la maleta mientras se dicen mil frases.
—¿Vamos a salir hoy? —Murmuro con la mano en la frente y el brazo apoyado en la mesa, fingiendo realmente bien que leo algo en el cuaderno.
—Salir salgo con los chicos, ¿te apuntas?
—¿Qué vais a hac.. —No termino la pregunta pues el profesor pasa cerca y me mira. Yo le miro a él en un momento incómodo y sonrío levemente. Parece que no ha notado nada. Suspiro aliviada y miro a Alfre, que se ríe por lo que acaba de ocurrir.
—Al parque a jugar a las cartas o algo.. —Contesta con disimulo, ¿por qué a él no le mira? Qué suerte tiene, a mi no me quita el ojo de encima, no se fía de que pueda pasarme una hora entera callada. Señalo mi muñeca dándole a entender a mi amigo que me diga la hora, el dibuja un ocho en la mesa con el lápiz y espera a que yo lo vea para taparlo con el cuaderno.
Y entonces, por fin después de un rato más de una insufrible clase de Historia sonó el timbre. ¡Aleluya! Recogí mis cosas con velocidad y besé la mejilla de Alfre para despedirme, saliendo disparada de allí.
Llego hasta donde están Diana y Amalia, hablando con ellas hasta que llega Sonia, que ha tardado un poco más debido a que estaba hablando con la profesora.
—¡Una semana más y verano, chicas! —Grita mientras llega, alzando las manos animada
—¡Sí! ¡Por fin, por fin, por fin! —Grita Amalia en respuesta dando saltos, abrazándose a la chica.
—¡Vamos a quedar hoy! —Propuse yo mientras hablaban, con una enorme sonrisa en los labios.
—Cariño, yo no puedo… —Susurra Diana con el ceño fruncido y los labios apretados, suspirando lentamente.
—Yo tampoco creo que vaya a poder hoy ya, lo siento... —Añade Sonia negando lentamente, tenía una expresión triste pues a mí se me había cambiado la cara, y yo tenía ganas de salir.
—¿Y tú, Amalia? —La miro con un toque de desesperación, pues para mí es genial salir con mis amigas. Vale que no pudiera una, pero las tres era demasiado…
Contestando a esto Amalia niega lentamente con la cabeza, pues la chica tiene otras cosas más importantes que hacer antes de quedar conmigo
Lo que no sabía yo es que esto se iba a alargar demasiado.